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miércoles, 13 de febrero de 2013

Oda a mis mujeres - Burbujita

Tierna edad de segundas infancias. Cuerpos que se encontraban y manos que se descubrían. Secretos en la noche, rodeados de multitud, y a la vez aislados en un eterno amor abocado al secretismo. Tiernos besos de pasión, que buscaban vorazmente con el hambre del alma.
Momentos sensuales, eróticos, quien sabe si completamente sexuales... Momentos únicos, de dos niños que se querían hacer adultos. Tierna edad, sin duda. Habitaban entre las emociones juegos indebidos, que ocultaban lo que las verdaderas intenciones querían encontrar.

Después llega el viento, cuando sopla en la otra dirección, y es ahora el corazón quien domina las manos y los cuerpos se vuelven inertes, muertos y mustios. Son los latidos de un desbocado órgano que sucumbe ante las pasiones equivocadas, que arrasa. Es ahora el tiempo de las lágrimas, el desconsuelo de la mentira y la búsqueda de otras manos, otra boca que descubra los caminos ya explorados. Es tiempo de un dolor que se extiende como una plaga, como una enfermedad venérea que vomita sufrimiento en cada rincón de cada alma que toca.

Luego vendrá el papiro del perdón. El salvoconducto que, si bien no inmediatamente, conseguirá borrar las feas huellas de una pasado hostil, y devolverá al recuerdo de la sinrazón los buenos momentos, y las verdaderas emociones vividas en esos tiempos de júbilo. Serán los reencuentros furtivos, las miradas veladas y las manos bajo el mantel las que reconciliarán de nuevo dos corazones unidos por el tiempo y el destino. Serán las nuevas aguas las que limpien los rencores del pasado y las que devuelvan las sonrisas a unos rostros que jamás supieron llorar. Será el momento de recordar las confesiones en el cuarto sin luz, las películas de miedo al anochecer, las difusas estrellas y los regalos de cumpleaños guardados en el corazón.