Entradas populares

miércoles, 23 de octubre de 2013

Te encuentro

"Cuando te miro, te busco,
y cuando te encuentro...
¡Ay, cuando te encuentro!
Dos trenes, dos leones sin domar.
Dos historias de renglones sin terminar.

Y te encuentro, te encuentro, te encuentro...
No me canso de quererte,

¿acaso lo haces tú de respirar?"

jueves, 5 de septiembre de 2013

Héroes

A todos los buenos padres: pues son, de una manero o de otra, héroes.

- ¿En qué trabaja papá? - Pregunta Tino, un niño con cuatro años de edad.
- Papá trabaja en el hospital - Le responde su madre
- Ya lo sé, mamá - contesta él poniendo los ojos en blanco - pero, ¿qué hace?
Ella sopesa su respuesta, sabiendo que es una pregunta trascendental en la vida de cualquier niño. Lo piensa un poco y contesta:
- Papá salva vidas, Tino. Es un héroe.
La mirada del niño brilla con la emoción de la respuesta. ¿Un héroe? Ya lo tenía en un pedestal, muy alto, pero ahora lo pone por encima de las nubes. Le supone habilidades casi místicas y divinas.

Va creciendo bajo la convicción de que su padre es alguien fuera de lo común. Lo defiende a capa y espada de cualquier comentario malicioso del resto de niños o incluso de sus primos. No permite que nadie le ofenda ni lo critique. Siempre admirado, atento a sus actos, venerándolo. Pasan los días y los días, y se asienta en su pequeña cabeza una imagen idolatrada de su padre.

- La semana que viene iremos de excursión al hospital - Comenta la profesora en clase, con aire distraído. Tino ebulle por la emoción, incapaz de quedarse quieto en la silla. Se imagina pudiendo observar a su padre en plena acción, ayudando a las personas y salvando a los enfermos. Ya tiene ocho años y sabe lo que son los médicos. Le ilusiona muchísimo la idea de poder observar el trabajo de su padre en primera persona y es casi un sufrimiento cada minuto que pasa hasta la semana siguiente. Le ha hablado a todos sus amigos de su padre, el "héroe" y está ansioso porque todos lo contemplen.

Llega el día, el maravilloso día en el que podrá cumplir su sueño. Se levanta de un salto y se prepara. Como un rayo sale de casa, disparado al coche de su madre.
- ¿Por qué estás tan nervioso? - pregunta "mamá".
- Por fin podré ver como trabaja papá - contesta Tino.

El autobús escolar deja a la clase de Tino en la entrada principal, y ellos cruzan el umbral de entrada con ilusión. Les enseñan la sala de rayos X, el centro de transfusión sanguínea, les presentan enfermeras, médicos y auxiliares. Cada uno va explicando su trabajo, y Tino no deja de buscar a su padre con la vista.
Llegado el momento, en el turno de preguntas, el chico pregunta por su padre. El hombre se concentra un poco en el nombre que le dice, pues muchas personas trabajan en el hospital. Tras una pausa, contesta:
- Si, creo que se a quien te refieres, chico. Tu padre es celador, su trabajo es trasladar enfermos de un sitio a otro.

Tino no se lo puede creer, lo habían engañado. Agacha la cabeza y aguanta su pena lo mejor que puede. Cuando salen, tiene que soportar las críticas de sus compañeros, que lo atacan con comentarios mordaces acerca del trabajo de su padre. "El héroe taxista" lo llaman algunos entre risas. "Camillero" lo acusan otros y mientras otros simplemente le llaman "mentiroso". Se hunde en una lúgubre soledad y cuando llega a casa se encierra en su cuarto a llorar. Pasa días sin hablarle a sus padres y lanzando miradas de odio a su madre y de decepción a su padre. Cuando por fin consiguen sonsacarle lo ocurrido, sus dos progenitores se sienten frustrados como padres, sienten que han roto algo en él.

Pasan los años, y su relación paternal se enfría. Tino decide tomar un camino lo más alejado posible del de su padre, y estudia humanidades. Consigue con mucho esfuerzo terminar la Licenciatura de Derecho, y por caprichos del destino, acaba siendo el abogado de una clínica médica. Crece y forma su propia familia. Un día, su hijo pregunta:
- ¿En qué trabaja el abuelo? - Un nudo se forma en la garganta de Tino. Tras tantos años, sigue pareciéndole difícil enfrentarse a esa pregunta
- Es celador - Contesta con un hilo de voz
- ¿Eso qué es? - Pregunta el niño, con curiosidad
- Traslada a los enfermos en el hospital - conlcuye Tino, con más fuerza
- Quiero ir a ver al abuelo trabajar, papi
- No me parece buena idea - Contesta él, a la defensiva. No le parece nada alentadora la idea de volver a enfrentarse a esa situación
- ¿Por qué? - El planteamiento tan básico lo desconcierta. ¿Por qué le da tanto miedo? Piensa que es un adulto, un hombre hecho y derecho. Y en parte por no enfrentarse a la pregunta de su hijo y en parte por demostrarse a sí mismo que puede hacerlo, contesta:
- Está bien, hijo, iremos a verlo.

Al día siguiente están allí, coincidiendo con el turno del abuelo. Entra en años, cerca de la jubilación, pero todavía posee un porte seguro y una fuerza de "bestia". Bulle en él una actividad constante. Cuando llegan Tino y su nieto, se acercan directamente a saludarlo. Con esa actitud fría después de tantos años. El abuelo saca una bolsita llena de gominolas y se la da a su nieto. De pronto, entra una chica en camilla a toda velocidad con el equipo de emergencias dando voces. El padre de Tino sale corriendo en dirección a la chica y pronto está lista para entrar al quirófano. Tino se sorprende al ver a los médicos llamar a gritos a su padre, que siempre está presto a hacer su trabajo. Sube un hombre mayor a la sala de quimioterapia, entra y sale del quirófano con innumerables personas y siempre tiene un gesto amable, una sonrisa o una gominola para los más pequeños. Se sorprende reconciliádonse con la posición de su padre en su propia vida.

Una tos lo saca de sus pensamientos y descubre que es su hijo, que tose de forma compulsiva y ahogada. El chico se lleva las manos a la garganta, haciendo un sobreesfuerzo para intentar respirar. Pronto adquiere un tono azulado y Tino se desespera. Intenta ayudarlo golpeándole la espalda, y pide ayuda. Ve como a su hijo se le acaban las fuerzas, como nadie viene a ayudarlo. El sigue intentando ayudarlo, de forma vana. Cuando cree que la esperanza está perdida y piensa que su hijo va a morir por algo tan estúpido como es una chuchería, unos brazos rodean al niño desde la espalda, presionan su barriga y el objeto sale volando por la boca del chico, que empieza a respirar con normalidad, muy asustado. Tino abraza a su hijo y rompe a llorar desconsoladamente. Cuando se calma un poco para ver quien le ha salvado la vida a su hijo, se sorprende, pues se encuentra con la cara de su propio padre.

- Gracias, papá. Has salvado a mi hijo - le dice con una voz ronca
- Es mi trabajo - le contesta su padre, guiñándole un ojo


Muchas veces no nos damos cuenta de donde están los verdaderos héroes. No somos capaces de ver las grandes acciones que se esconden en el día a día. Se nos olvida que "los grandes héroes tienen trabajos que parecen pequeños"

miércoles, 13 de febrero de 2013

Oda a mis mujeres - Burbujita

Tierna edad de segundas infancias. Cuerpos que se encontraban y manos que se descubrían. Secretos en la noche, rodeados de multitud, y a la vez aislados en un eterno amor abocado al secretismo. Tiernos besos de pasión, que buscaban vorazmente con el hambre del alma.
Momentos sensuales, eróticos, quien sabe si completamente sexuales... Momentos únicos, de dos niños que se querían hacer adultos. Tierna edad, sin duda. Habitaban entre las emociones juegos indebidos, que ocultaban lo que las verdaderas intenciones querían encontrar.

Después llega el viento, cuando sopla en la otra dirección, y es ahora el corazón quien domina las manos y los cuerpos se vuelven inertes, muertos y mustios. Son los latidos de un desbocado órgano que sucumbe ante las pasiones equivocadas, que arrasa. Es ahora el tiempo de las lágrimas, el desconsuelo de la mentira y la búsqueda de otras manos, otra boca que descubra los caminos ya explorados. Es tiempo de un dolor que se extiende como una plaga, como una enfermedad venérea que vomita sufrimiento en cada rincón de cada alma que toca.

Luego vendrá el papiro del perdón. El salvoconducto que, si bien no inmediatamente, conseguirá borrar las feas huellas de una pasado hostil, y devolverá al recuerdo de la sinrazón los buenos momentos, y las verdaderas emociones vividas en esos tiempos de júbilo. Serán los reencuentros furtivos, las miradas veladas y las manos bajo el mantel las que reconciliarán de nuevo dos corazones unidos por el tiempo y el destino. Serán las nuevas aguas las que limpien los rencores del pasado y las que devuelvan las sonrisas a unos rostros que jamás supieron llorar. Será el momento de recordar las confesiones en el cuarto sin luz, las películas de miedo al anochecer, las difusas estrellas y los regalos de cumpleaños guardados en el corazón.