Colmillos relucientes en la creciente
oscuridad,
blancos como el marfil nigeriano,
rasgando la suavidad de una inocente
piel.
Noche de luna llena,
colose por su ventana el depredador,
la sumió en un precioso sueño,
y se la llevó a la eternidad.
La fuente de la juventud eterna,
la inmortalidad del sufrimiento,
y cada noche la sed implacable,
de rasgar una nueva piel inocente.
Alas negras en la oscuridad,
don y maldición para siempre,
inmortales pero infelices,
vagando por la superficie Terrestre.
Llegará el día en que se marcharán,
dejando libres su espíritu,
atormentado por siglos de sufrimiento,
encadenado a no poder seguir.
Quién ansía el no separarse,
del seno de nuestro país,
que el favor a él se lo pida,
pero no admite devolución.
Para siempre aquí te quedas,
pero nunca más vuelves,
a ver la luz del sol.